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Siempre igual 3 diciembre 2007

Posted by Arturo-José in Historia, Sociedad.
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English version Durante el regreso de una reunión de trabajo en Valencia, el autobús proporciona mucho tiempo para invertirlo en diversas tareas (aquellas que sean menester a cada uno de los viajeros); autobús, y no tren, ya que dos capitales tan importantes como Valencia y Zaragoza están unidas por un tren por la mañana y otro por la tarde, vergonzoso, pero cierto. Pero, en fin, eso es harina de otro costal.

Como decía, decidí, al menos parte del tiempo, leer un interesante libro. Aun habiendo sido escrito hace la friolera de 2.051 años (sí, ese famoso año de los Idus de marzo en que asesinaron a Gaius Iulius Caesar -Cayo Julio Cesar-, el 44 aC) por Cayo Salustio Crispo, alguno de los párrafos trajo a mi memoria acontecimientos bastante recientes personales y sociales.

Uno de ellos, dice así: “Al principio inquietaba más el ánimo de los romanos la ambición del poder que la codicia del dinero, lo que, siendo como es un vicio, sin embargo se halla más cerca de la virtud. Pues el hombre de valía y el inepto apetecen por igual la gloria, los cargos y el poder; pero uno lo busca por el camino legítimo, mientras el otro, al carecer de buenas cualidades, lo pretende alcanzar con la astucia y el engaño. La avaricia, en cambio, lleva consigo el ansia de dinero, que ningún hombre sabio codició; la avaricia, empapada como de un veneno maléfico, … es siempre ilimitada, insaciable, no mengua ni en la abundancia ni en la penuria.“.

En otro párrafo, escribe: “Desde que tener riquezas se consideró un honor, y las riquezas iban asociadas a prestigio, poder militar y poder civil, la virtud comenzó a languidecer, la pobreza comenzó a considerarse una deshonra y la integridad, como un reproche a los demás…“. Este hecho no parece algo aislado puesto que, en una de sus epístolas a Cesar, escribe de los nobles romanos: “…consideran la buena fama de los demás como deshonra propia…“.

En relación a este pensamiento, el comediógrafo romano Tito Maccio Plauto dijo: “…el malvado quiere que el hombre bueno se haga también malvado para que se parezca a él…“.

Seguro que leyendo lo anterior, cualquiera puede poner más de un nombre y referirlo a más de una situación. Hogaño, como antaño, una persona que tenga principios y que, además, los respete, es tenido por bobo, por estúpido, por asocial, en vez de ser tenido por íntegro y respetuoso para consigo mismo y con los demás.

Aprovechando el descanso del fin de semana, he podido escuchar alguno de los antiguos discos de pizarra de mi discoteca. Al poner uno de ellos, mientras la aguja rasgaba la piedra desgastada, la voz de José Oto lanzaba al aire una jota muy actual:

“La vergüenza ahora se vende,

a 2.000 pesetas la onza,

por eso, como es tan cara,

gastamos todos tan poca.”

Siempre igual…

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