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Cortesía 3 octubre 2007

Posted by Arturo-José in Protocolo.
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Ayer, saliendo de un ascensor, me topé con una pareja de señores mayores. El paso, ciertamente, era estrecho. Querían entrar en el ascensor y yo, evidentemente, salir; pero cualquier maniobra, durante unos segundos, fue infructuosa.

Pero he aquí que una de las señoras expresó una frase, vieja conocida: “Para entrar, hay que dejar salir”. Dicho y hecho. Como las aguas del Mar Rojo ante Moisés, me dejaron paso; consecuencia: yo, salí y ellos, pudieron entrar.

Dicho así, pudiera parecer que este hecho contituye una banalidad mas, viendo el devenir de nuestros congéneres, me parece algo destacable.

Y, ¿el qué, podrás preguntarte, amigo Sancho? La Cortesía, el Respeto, la Educación… Sí, exacto, todos esos rollos.

Algo que, antaño, era practicado como algo normal y cotidiano, hogaño es tenido como estupidez, si bien, simplemente, se trata de eso, de Respeto.

Lo que sucede es que, actualmente, el prójimo (y no hablo ni de Religión ni de Filosofía, sólo de esa persona con la que nos cruzamos en la calle) nos importa un comino. Lo del ascensor de ayer fue una “rara avis” en el comportamiento social.

Simplemente fíjate, Sancho, en cómo caminamos por la calle. Para que luego digan que hay accidentes de coche… Normal, ¡si no sabemos ni andar! Se supone que hay que ir por nuestra derecha y, cuando proceda, ceder el camino ante personas mayores o coches de niños. Eso, entre otras cosas, me enseñaron de pequeñito. Pero, ahora, te encuentras con gente que va, pues eso, a lo suyo, y ya te apartarás… Gente en dirección contraria (pegadica a la pared, contraria); gente que entra en tropel en los sitios y no te deja salir; gente que entra en un comercio por la izquierda; gente que no tiene manos… sí, ¿no te has fijado en esas personas que, ante una puerta de doble hoja, en vez de salir por su derecha (cerrada) tiene la cachaza de esperar a que pases por tu derecha para salir por su izquierda y no molestarse en abrir su hoja de la puerta? Dudo de si es necedad o vagancia.

Mientras te cuento esto, me viene a la cabeza lo que me sucedió en un centro comercial. Yo iba (adivina por dónde…) ¡por mi derecha! cuando un energúmeno viene en dirección contraria y me arrolla, lo intento esquivar pero nos chocamos con el codo levemente. Pues, oye, que casi necesito a la Legión; no sabes cómo se me puso. La culpa, mía, evidentemente, aunque iba por mi camino, sin molestar a nadie.

¡Diantres! ¡Qué cosas pasan!